Millones de personas viven en un estado de tristeza, de frustración y amargura, millones de personas viven en ese estado porque la vida no resultó ser lo que habían imaginado, no lograron obtener lo que deseaban, se dieron por vencidas y se quedaron a vivir en un estado de desesperanza.

Hace poco me buscó una mujer de 32 años pidiendo ayuda, pues decía que antes solía tener exceso de energía y disfrutaba de la vida plenamente. Hoy, para ella era un esfuerzo bañarse, peinarse y maquillarse, esfuerzo que a menudo no hacía. Sólo quería acostarse y dormir profundamente porque tan pronto despertaba la asaltaba un fuerte dolor emocional.

Ya no estaba segura qué la lastimaba más, si la tristeza de que su matrimonio había terminado y ahora se encontraba sola con sus 2 hijas o la ira que sentía contra su esposo y su mejor amiga; quienes la habían traicionado y se habían ido a vivir juntos.

Ya habían pasado dos años desde que su marido la había dejado y ella seguía alimentado el odio, la ira, la frustración y la amargura. Yo le pregunté cuáles eran esos cuestionamientos recurrentes que se le venían a la cabeza y ella me respondió que contantemente se hacia las siguientes preguntas: ¿Por qué no me pudo haber amado tanto como yo a él? ¿Por qué tuvo que irse con mi mejor amiga? ¿Por qué no me di cuenta antes? ¿Por qué Dios permitió que me pasara esto a mí? ¿Porque fui tan tonta? ¿Por qué le creí todas sus mentiras?

Exactamente esas preguntas y esos pensamientos son los que la han mantenido en ese estado de depresión y sin querer levantarse de la cama. Si se hace preguntas necias va a recibir respuestas necias y va a seguir anclada al dolor, sin importar cuánto tiempo pase. Si sigue con esas preguntas, con ese diálogo interior que le dice: “Soy tan tonta que no me di cuenta “o “soy tan poca cosa que me cambió por ella”, ese diálogo interior le hará daño constantemente y no podrá sanar al menos que decida cambiar las preguntas constantes y los pensamientos recurrentes.

Si sigue enfocada en esos pensamientos autodestructivos lo único que ella logrará será destruirse y de paso destruirá la autoestima de sus pequeñas hijas porque entonces pierden a su mamá quien está presente físicamente, pero emocionalmente ausente.

No tenemos el poder de controlar lo que hace o piensa nuestra pareja, ni nuestras amistades,  ni siquiera tenemos el poder de controlar lo que piensan nuestros hijos, pero sí podemos tomar el control sobre lo que pensamos y hacemos nosotros mismos y decidir dejar de amargarnos la vida por lo que hagan o dejen de hacer otras personas.

Sí, va a doler y se vale sentir el dolor de lo que nos pasa, pero es nuestra decisión el quedarnos ahí sufriendo con preguntas y respuestas necias o podemos tomar la decisión de cambiar esos cuestionamientos, cambiar lo que nos decimos constantemente, cambiar nuestros pensamientos recurrentes y cambiar el significado de lo que nos sucede.

Nuestras preguntas pueden ser: ¿Qué puedo aprender de esta experiencia desagradable?¿Cómo puedo usar esta experiencia para crecer? ¿Qué puedo hacer hoy para sentirme mejor? ¿Por qué puedo dar gracias a Dios hoy? ¿Qué puedo hacer con los talentos que tengo? ¿Qué quiero hacer hoy por mi familia? ¿Qué tipo de música hace que me sienta feliz? ¿Qué pensamientos me dan paz y tranquilidad? ¿Cuáles son las cosas que me encantan de mí? ¿Cuánto poder tiene una sonrisa?

Las preguntas correctas
Si constantemente se hace preguntas inteligentes, recibirá respuestas inteligentes, si constantemente se hace preguntas cuyas respuestas lo lleven a mejorar, al buscarlas será mejor persona y sus sentimientos hacia usted mismo serán positivos.

Busque las preguntas que lo ayuden, busque las preguntas que lo inspiren a salir adelante. Rechace con todo su ser las preguntas pesimistas que lo lleven a respuestas negativas. Rechace quedarse en un estado de amargura con música que lo mantenga en ese estado, cambie su estado emocional, usted tiene el poder, no delegue ese poder, pues podría pasar la vida buscando la felicidad en otras personas y jamás la encontrará pues siempre ha estado dentro de usted mismo.

Lo que lo hace feliz no es lo que le sucede, ni lo que tiene, ni quién es; lo que lo hace feliz es lo que piensa de lo que le sucede, de lo que tiene, de quién es. Atrévase a tomar el control de sus pensamientos y obtendrá el control de sus sentimientos.