Gustavo amaba el béisbol, él había jugado béisbol desde pequeño y pudo haber llegado a ser un gran jugador, pero a los 17 años se lastimó el hombro durante un partido y nunca pudo volver a jugar como jugaba antes. Su sueño de jugar en las grandes ligas murió con su hombro lastimado, cuando se casó tuvo dos hijos hombres Carlos y Héctor, desde pequeños les compraba guantes de béisbol, bats y pelotas para jugar con ellos.

Él soñaba con que sus hijos cumplieran su sueño de jugar béisbol en las grandes ligas. Los entrenaba diariamente, pero Héctor no disfrutaba del béisbol. Gustavo se frustraba y le decía: “Aprende a tu hermano Carlos, él sí sabe jugar béisbol, ¿por qué no eres como tu hermano? Tu hermano es igual que yo, los dos amamos el béisbol.”

Héctor se propuso entrenar diario y mejorar en el béisbol, pero solo para ganarle a su hermano. Héctor no amaba el béisbol, pero quería competir con su hermano. Héctor solo se sentía bien cuando ganaba y su papá lo felicitaba. Los hermanos crecieron como rivales, compitiendo por el amor y la aceptación de su papá.

¿Fortaleza de carácter?
Muchas veces nosotros los padres creamos rivalidades entre nuestros hijos, sin darnos cuenta. Pensamos que el compararlos los hará darse cuenta de las habilidades de sus hermanos e intentarán ser mejor, pero estamos muy equivocados. Éste no es un buen método para fortalecer su carácter.

Si nosotros como padres comparamos a nuestros hijos, es posible que nuestros hijos, al intentar protegerse, creen una identidad falsa de valentía. Podría parecer que son seguros y fuertes por fuera, pero por dentro crecerán como unas personitas inseguras y con un autoestima muy bajo. Pensarán que la única forma de sobresalir será destruyendo a otros, ridiculizándolos.

El triunfo será un objetivo a seguir, pero cuando un hermano sobresalga en cualquier aspecto, el hijo no podrá dejar de sentirse fracasado. Estos niños aprenderán a sentir envidia, estos niños se compararán constantemente con sus hermanos y nunca los podrán ver como amigos.

Es importante entender que cada uno de nuestros hijos es totalmente diferente. Desde el momento que sentimos a un pequeñito en el vientre, desde ese momento nos damos cuenta que cada niño es distinto. Hay niños que patean más, hay niños que casi no se mueven, etcétera. Cada embarazo es distinto. ¿Por qué habrían de ser iguales los hijos?

Amar y sentirse amado
Partiendo desde la premisa de que cada niño es único y diferente así sean hijos del mismo padre y la misma madre, debemos aceptarlos tal como son. No hay nada más importante en la vida de un pequeño que el amar y sentirse amado. No hay nada más triste para un pequeño que el sentirse rechazado.

Nuestros hijos necesitan amor y aceptación desde el momento que nacen, inclusive desde que están en el vientre. Los niños dependen totalmente de nuestro amor y atención. El darle amor y atención al niño nutre en él el sentimiento de pertenecer y sentirse querido y aceptado.

El amor y la aceptación son necesidades humanas que jamás dejamos de necesitar, tengamos la edad que tengamos siempre vamos a necesitar sentirnos amados y aceptados por nuestros padres, familia y amigos.

Si nosotros como padres les enseñamos a nuestros hijos a compartir con sus hermanos, si les enseñamos a hacer cosas bonitas por sus hermanos, si les decimos constantemente que son igual de especiales y que son distintos pero igual de valiosos, los niños aprenderán a amar a sus hermanos y a no compararse.

El amor de hermanos se debe nutrir y fomentar constantemente. Es importantísimo que nosotros como padres celebremos las diferencias entre ellos y les digamos que nos encanta que sean diferentes porque sus diferencias los hacen especiales.

Debemos de hacer hincapié en que cada hijo tiene sus talentos y eso es lo que los hace ser únicos. Tenemos que decir esto constantemente hasta que los niños lo crean y lo acepten como cierto. De esta forma los niños crecerán sabiendo que son especiales al igual que sus hermanos. Crecerán sabiendo que merecen el mismo amor y aceptación que sus hermanos y no sentirán envidia cuando su hermano gane, al contrario, se sentirán felices de saber que a su hermano le va bien.

Es nuestra responsabilidad como padres el trabajar constantemente para que nuestros hijos vean a sus hermanos como amigos y no como rivales.