Una pequeña entra a la oficina de su papá. Ella se queda ahí calladita y después pregunta: ¿Qué estás haciendo papi? Él le contesta: Estoy escribiendo los nombres de personas importantes a quienes tengo que ver y llamar mañana. La niña se queda pensando seriecita… y después de unos minutos le pregunta: ¿Papi, en esa lista está mi nombre?

Esta breve historia refleja cómo el ignorar a nuestros hijos les causa mucho dolor, un dolor casi tan fuerte como el abuso físico. Lo peligroso del abuso emocional o psicológico es que no nos damos cuenta de lo que estamos cometiendo, no lo comprendemos porque, en muchas ocasiones, es la manera en la cual crecimos y lo vemos como un comportamiento normal.

Ignorar al niño o no demostrarle sentimientos de amor, apoyo u orientación, es considerado abuso emocional. También lo es amenazar, gritar, atemorizar, denigrar o criticar constantemente. El dolor emocional se intenta calmar y acallar con adicciones, muchas personas no se explican por qué sus hijos sufren de dolor emocional, no se explican por qué sus hijos están sufriendo de adicciones como alcoholismo, drogadicción, ludopatía, adicción al sexo, a comer en exceso, al cigarro, etc.

Presencia física y emocional
Estas personas no entienden y dicen: “yo jamás lo golpeaba y compraba todo lo que el niño quería, nunca le hizo falta nada”. Pero si a esas mismas personas les preguntamos: ¿cuánto tiempo platicabas con tu hijo a diario?, ¿cuánto tiempo jugabas con él?, ¿realmente estabas presente? La respuesta será que estaban ahí físicamente, pero ausentes emocionalmente, pensando en otras cosas “más importantes” que tenían que hacer.

Los niños son muy perceptivos y ven cómo puedes pasar horas en la televisión, horas platicando con amigos, horas en las redes sociales y muy poco tiempo con ellos. A veces los niños nos platican algo que para ellos es muy importante, y nosotros los ignoramos, los interrumpimos, cambiamos el tema o les decimos que estamos muy ocupados, que más tarde platicaremos con ellos, y el más tarde nunca llega.

El mensaje que ellos entienden es: “Lo que tú tienes que decir no es importante”. Entonces dejan de contarnos sus cosas, y cuando llegan a la adolescencia, nosotros queremos saber lo que está pasando con su vida… y ya es muy tarde. Los canales de comunicación se han cerrado y ahora ellos no nos dirán lo que les está pasando.

Es importante poner atención a los niños cuando nos platican cosas que para nosotros no son importantes, porque después, cuando quieran platicar sobre cosas importantes como sexo, drogas, alcohol, etc., ya no tendrán la confianza para abrir esos temas con nosotros, y siempre habrá alguien dispuesto a escucharlos, y no siempre será la mejor persona para aconsejarlos.

Hay que tomar conciencia y darnos cuenta del daño que estamos haciendo a nuestros hijos al ignorarlos. Dediquemos menos tiempo a la televisión, redes sociales o amigos, y más tiempo a ver a nuestros hijos, a escucharlos y a hacerles saber que son importantes.