Cuando llegaban los esposos del trabajo, estacionaban sus carros en la casa y se iban al parque a jugar con los niños y a convivir con los vecinos. Constantemente poníamos letreros en la colonia que anunciaba a los visitantes que había niños jugando, poco a poco y con la aparición de las redes sociales las vecinas dejamos de salir de casa, pues era más cómodo tener a los niños entretenidos dentro de la casa frente a una pantalla que expuestos a los peligros de afuera.

Nosotras también dejamos de convivir en persona con las vecinas, pero hicimos un chat de WhatsApp que nos mantiene comunicadas constantemente. Poco a poco fuimos substituyendo el contacto directo por el contacto vía redes sociales. Nuestros niños empezaron a pasar más y más horas frente a una pantalla que corriendo, jugando y conviviendo con otros niños.

De persona a pantalla
La dinámica familiar ha sufrido un cambio importante, pues las personas ya no se comunican en persona, sino por medio de una pantalla, las parejas ya no se ven de frente, pues hoy cada quien está interactuando con diversas personas a través de las redes sociales.

Las personas vamos a un restaurant y en lugar de disfrutar de platicar con las personas con quienes estamos cada quien esta interactuando con muchas otras personas por medio de las redes sociales.

Creciendo de una forma distinta
Los niños de hoy ya no saben conversar, no están aprendiendo habilidades sociales, pues lo que escriben y lo que expresan por medio de emoticones no son capaces de expresarlo en persona. Para ellos es más fácil vivir en el mundo virtual que en el real, es más fácil escribir algo mediante las redes sociales que decirlo en persona, de hecho lo que escriben en las redes difícilmente pueden decirlo de persona física a persona física.

Actualmente estamos conectados las 24 horas del día, cuando vamos en el auto en cada semáforo las personas checamos el Facebook, el Twitter o el Instagram, en las salas de espera ya no convivimos con las personas que también están esperando junto a nosotros, ahora cada quien está absorto en su mundo detrás de la pantalla del smartphone, en las clases o en los cursos ahora todos estamos conectados y vemos constantemente el celular en lugar de ver al maestro o al conferencista. Incluso en las quinceañeras o en los antros, las personas en lugar de disfrutar de conocer gente nueva, siguen conectadas subiendo fotos y checando constantemente cuantos “likes” han recibido. Los adictos a las redes sociales han creado un mundo de fantasía dentro de las redes sociales, viven en otro mundo y cualquier momento es bueno para escapar a ese mundo.

Síntomas de un adicto a las redes sociales
El uso de las redes sociales se ha convertido en una adición cuando:
• Descuida otras actividades importantes, como el contacto con la familia, las relaciones sociales, el estudio o el cuidado de la salud por estar conectado.
• Se priva de sueño por estar conectada a la red, pues dedica demasiado tiempo a las redes sociales.
• Recibe quejas en relación con el uso de la red de alguien cercano, como los padres o los hermanos.
• Piensa en la red constantemente, incluso cuando no está conectado a ella y te sientes irritado excesivamente cuando la conexión falla o resulta muy lenta.
•  Intenta limitar el tiempo de conexión, pero sin conseguirlo, perdiendo la noción del tiempo.
• Miente sobre el tiempo real que está conectado o jugando a un videojuego.
• Se aísla socialmente, se muestras irritable y baja el rendimiento en los estudios o en el trabajo.

Cuando conectarte es lo primero que haces al levantarte y lo último que haces antes de dormir, cuando reduces el tiempo que empleas en las tareas cotidianas tales como comer, dormir, estudiar o conversar con la familia, puede que hayas caído en la adicción a las redes sociales. Más que el número de horas conectado a la red, lo que determina si el uso de las redes sociales se ha convertido en una adicción es si el estar conectado interfiere con el desempeño de la persona en las tareas de la vida cotidiana.

Nadie está exento, todos podemos caer en las redes de la adicción a las redes sociales. En esta vida las experiencias que cuentan, las experiencias que causan impacto en nosotros y en las personas a quienes amamos son en las cuales compartimos juntos en persona, cuando reímos juntos, cuando jugamos, cuando estamos presentes.

Aprender a hacer un buen uso de las redes sociales es fundamental y puede mejorar nuestra vida mucho más de lo que pensamos. Es innegable que éstas herramientas también tienen aspectos muy positivos, como por ejemplo estar informados o poder mantener el contacto con algunas personas a las que no podemos ver habitualmente. Para usar las redes sociales adecuadamente sin caer en la adicción debemos ponernos horarios para interactuar mediante las redes sociales, ser capaces de olvidarnos un rato al día del mundo virtual y disfrutar de conversar y jugar con nuestros amigos y nuestros seres queridos en persona y no a través de una pantalla.